Sobre-cogidos.

Hispanistán. Así llamo yo a este amago de país. Amago, porque esto ni es país, ni es pueblo, ni es nada.

Estamos siendo testigos de hechos que, en cualquier Estado serio, tendrían a la oposición con las venas de la frente y el cuello a punto de estallar. Esa oposición pediría con efusividad e intensidad explicaciones, datos, documentación al Gobierno, cuando no sacase a pasear el temido recurso: moción de censura. Hablamos de algo gravísimo; particulares, físicos y jurídicos, comprando al Presidente del Gobierno y a buena parte del Congreso. En Hispanistán no pasa nada. El silencio es sepulcral. Como si hubiese muerto alguien de forma repentina. “Coño, los han pillado; todo el mundo calladito, no sea que…” Ese es el mensaje que me llega. Supongo que no seré el único que lo capta (o deja de captar) así. En un rato hace declaraciones Rubalcaba. Veremos si espabila o me da la razón.

De ser esto un estado serio, el Gobierno habría dado un paso al frente desmintiendo, documentación mediante, los hechos. Abriendo las puertas del Partido Popular y de sus domicilios particulares al poder judicial para que investiguen lo que tengan que investigar cuanto antes; prioridad máxima, DEFCON 1 democrático… de poderse desmentir. De no poderse desmentir, lo suyo es dimitir, disolver el Gobierno, disolver el partido y convocar nuevas elecciones generales. No hacer perder el tiempo a nadie, que la democracia es muy cara, retrasando lo inevitable. Y, en cualquier caso, que se deje prosperar la investigación judicial. Para bien o para mal.

¿Pacto anti-corrupción entre estos dos especímenes? La alfombra revienta de lo que meten debajo. En este país la corrupción es sistémica, está institucionalizada. Y lo peor, es motivo de orgullo del corrupto.

Ahora el sujeto pasivo, el que siempre está viéndolas venir cuando no directamente recibiendo palos. El españolito de a pie. El que ya no sabe dónde meterse. Cuando no salpican los hilos de plastilina, se están metiendo rayas con los EREs. El que no está robando supermercados está recibiendo sobres bajo cuerda por obra y servicio. Que si un aeropuerto por aquí, que si un AVE por allá, que si meto los bulldozers en Doñana para ver si hay gas o se me cae abajo el Palacio de las Artes, ¿el Yak 42 pudo repostar o no? Ciudadano al que nadie da explicaciones ni se las debe porque esto es España.

Españolito que está hasta los cojones de delincuencia; institucional y de la otra, ojo. La navaja nunca pasó de moda y hoy se lleva más que nunca, pero ahora, ibérico o marca blanca, el chorizo no pisa el talego. Hasta los cojones de trabajar como un cabrón para malvivir. Hasta los cojones de que el payaso de Mercadona (que según desvela hoy El País tiene mucho protagonismo en los sobres de Bárcenas) nos mande a trabajar como chinos y cobrar salarios ridículos. País cainita y miserable en el que sólo hay enemigos, rediós. Españolito que, antes o después, dirá “basta”. Y a lo largo de la historia —esa gran desconocida— en España sólo se ha dicho “basta” a las malas.

Alberto Suárez.

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