La ficción machista

Os reíais de mí. Que si estaba loco, que si exageraba. Pero el momento ha llegado. En España, reino del género y de la génera, feudo becerril de lo políticamente correcto y el desvarío en el que no se sabe qué es un género y qué es un sexo (el analfabetismo es clave en todo este tinglado), hemos empezado a juzgar la ficción. Como leéis, sí. La piel de toro considera poco decorosa e igualitaria la ficción.

Parece que fue ayer cuando Bibiana Aído, mano derecha igualitaria del ahora desaparecido ZP, pedía a gritos una biblioteca donde sólo pudieran entrar mujeres y en la que sólo hubiese libros escritos por mujeres, que las bibliotecas normales de todos y para todos eran machistas que te rilas. Pues de aquellos polvos vienen estos lodos.

Ojo con esto, que es mucho más grave de lo que parece. Estamos a un paso de quemar a Shakespeare. Y a AC/DC. Y a Rita Hayworth. A Tarantino y Robert Rodríguez. A lo más sagrado en la vieja España, la Biblia; libro más machista y retrógrado no se ha escrito nunca. Los cuadros de Toulouse-Lautrec. A Dante. A la señora Fletcher incluso. ¿Fusilamos a Bukowski? Y los musicales también, porque lo de “Siete novias para siete hermanos” tiene tela. Poca cosa más degradante. Obviamente a Cela tenemos que quitarle el Nobel. Y no hace falta que me vaya tan atrás en el tiempo. El otro día, lo confieso, vi el remake de Juez Dredd. Y el desalmado y misógino del protagonista se carga a la mala ejerciendo una violencia estructural intolerable (si viste le peli te hará más gracia) sobre una terrorista asesina que se limitaba, como mujer fuerte, valiente e independiente, a defender como fuera o fuese necesario su negocio de tráfico de drogas.

Lo dijo Jacinto Benavente y nunca dejará de estar en boga; “lo peor que hacen los malos es obligarnos a dudar de los buenos”. El feminismo es un movimiento necesario, básico, para que la mujer alcance el papel social que le corresponde. Y la igualdad efectiva entre mujeres y hombres es uno de los pasos que hay que dar, quizás el mayor. Pero esto, rediós… O el movimiento feminista se deshace de todos los payasos, cantamañanas, sinvergüenzas e imbéciles que se han apropiado de él, que tiran el trabajo que tantos han llevado a cabo durante tantos años, años peligrosos donde se jugaban incluso el pellejo, o pintan bastos. Y el ejemplo lo tenemos sin salir de la noticia, cuidado. Que dice la coordinadora en Jaén del Instituto Andaluz de la Mujer, una tal Beatriz Martín, que está muy contenta por la retirada del premio a la novela, porque ella sólo conocía el título (recordemos, “Nunca te quise tanto como para no matarte”), que tiene claros tintes machistas. Y olé.

Ojo al título machista, con dos cojones. Y nombré antes el analfabetismo: insisto, es clave. Es clave que la gente sea funcionalmente analfabeta para que estas estupideces puedan seguir sucediendo. Pero, quién soy yo. Es el país que queríamos. Por suerte o por desgracia, será mi generación la que verá prohibir o quemar, directamente, las obras que traten sobre cualquier cosa que los irresponsables apoltronados en San Jerónimo consideren ofensivas para alguno de los colectivos con los que pactan votos antes de las elecciones de turno. Voy a tener el placer de disfrutar de lo votado por unos y por otros. Rediós, no saldremos de esta ni en 50 años.

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