Si llega a ser un hombre entero…

España tiene un vicio desde siempre: la ignorancia. Por eso ni dejamos de repetir errores, ni tenemos idea de solucionarlos. Y en esa ignorancia me gusta rebuscar de tarde en tarde y sacar a la luz un trocito brillante que nos hemos dejado por ahí entre idiosincrasia y reformas educativas. El aquí firmante, que se ha auto-erigido educador, va a poner un pequeño foco sobre la que es, probablemente, la más impresionante historia de un marinero. Un marinero al que pocos conocen y que fue protagonista en sucesos importantísimos para la historia de la vieja y normalmente desagradecida piel de toro.

Blas de Lezo nació el 3 de febrero de 1689 en Guipúzcoa (sí, allí en el País Vasco, lo que son las cosas). Con un pasado marinero en los genes y en un pueblo dedicado casi en exclusiva al mar, Pasajes, su destino estaba poco menos que escrito. Según terminó la escuela se enroló como guardiamarina a las órdenes del conde de Toulouse. Al poco tiempo estalló la Guerra de Sucesión de la que algún día escribiré, porque como no se enseña en los colegios algo clave y trascendente para la historia de España me va a tocar a mí hacerlo. Una contienda de especial violencia que surgió a raíz de la muerte sin descendencia de Carlos II, a la postre último vástago de los Austrias, de los que también habré de escribir; soy muy fan de como, entre otras cosas, su afición a la endogamia destrozó aquel inmenso imperio. Pero todo a su tiempo. Estamos con el vacío de poder que llevó a españoles y franceses a enfrentarse a ingleses y, prácticamente, al resto de la Europa continental, para erigir un nuevo monarca para España.

Retrato de Carlos II

Retrato de Carlos II, de buena genética el amigo

Su bautismo de fuego (que nadie se imagine a un cura prendiendo fuego a ningún niño; al menos no por eso, por otras cosas sí) acaece en 1704, en Vélez-Málaga frente a la flota anglo-holandesa. Pierde una pierna debido a un cañonazo durante su heroico y belicoso empeño. Su pierna quedó muy maltrecha y allí, sobre la cubierta del barco y sin anestesia, los médicos le amputan lo que quedaba bajo la rodilla sin que el grumete emita quejido durante el bricolaje. A los 15 años, ojo. Su actuación llamó la atención de los oficiales españoles y franceses y le vale para recibir su primer ascenso; ya es alférez de navío.

A pesar de que se le ofrece estar en la Corte él lo rechaza porque ansiaba seguir ligado al mar y a la batalla. Algo de tiempo más tarde —le costó recuperarse del achaque— ya andaba limpiando el Mediterráneo de ingleses, mar que era prácticamente británico a esas alturas. Durante el Asedio de Tolón en 1707 una esquirla le reventó su ojo izquierdo, pero a él tampoco es que le importase demasiado. Sigue combatiendo palmo a palmo de Mediterráneo contra los “esbirros” de Ana Estuardo —eran años moviditos en las islas británicas en lo que al trono se refiere—, capturando decenas de sus naves, algunas de gran valor como el Stanhope, una auténtica mole de 70 cañones, insignia de la Royal Navy (aquí hay interesante relato de la hazaña). Es nombrado Capitán de navío en 1713.

Fragata de Lezo remolcando el Stanhope

Fragata de Lezo remolcando el Stanhope

Años más tarde se produce el 2º Asedio de Barcelona. En esta ocasión fue una bala de mosquete la que le alcanzó el brazo derecho —que, como novedad, esta vez conservó, aunque inútil—. Con un estado físico tan lamentable a una edad tan temprana —25 años— no le costó ganarse algunos sobrenombres. Sus hombres, que a pesar de la libertad confiaban ciegamente en él, le bautizaron —siempre de modo cariñoso— como Patapalo o Mediohombre. A él no le hacía demasiada gracia el tema, pero dado que le hacía bien a su tripulación lo toleró el resto de su vida.

Retrato de Blas de Lezo

Retrato de Blas de Lezo

1723 le ofrece a Blas de Lezo una nueva misión en un nuevo destino: limpiar de piratas y corsarios el Caribe. Una tarea que Mediohombre va a desempeñar con una eficacia extrema. Su flota siembra el terror entre esos piratas y se forja una auténtica leyenda de invencibilidad. En esos fregados andaba cuando se enamoró y contrajo matrimonio en Perú.

Regresa a España siete años después convertido en General con una nueva y peculiar misión. Con 6 barcos de guerra pone rumbo a Génova a recuperar 2 millones de pesos —que en aquella época era un pastizal que ríete de la trama de los EREs— que habían quedado confiscados en la república genovesa. Poco diplomático él, llega con un ultimátum: o devuelven el dinero o serán cañoneados. Los genoveses, como era menester, acceden. Pero de propina se llevan otro encargo; rendirle honores a la bandera española, que en aquel momento aún era la estupenda Cruz de Borgoña, a lo que vuelven a acceder.

Escudo de Felipe V

Escudo de Felipe V

En 1732 se prepara una expedición punitiva que pone rumbo a Orán para reconquistarla, misión en la que le acompañan 54 barcos y 30.000 hombres. Bay Hassan y sus piratas estaban acantonados en la ciudad. Una serie de operaciones permiten a Blas de Lezo recuperar la ciudad, pero Bay Hassan consigue huir y se refugia en una bahía custodiada por castilletes fuertemente artillados. Nuestro amigo de Pasajes no se va a quedar tranquilo hasta que lo hunda y comienza la persecución. Era una locura meterse en esa bahía guardada por los fuertes, las posibilidades de morir eran elevadísimas, pero Mediohombre tenía cierto problema con el tamaño de sus gónadas y se pone manos a la obra. Ignorando el peligro, los barcos españoles se adentran en ella bajo un intensísimo fuego de artillería. Hunden la nave capitana de Hassan y a base de certeros disparos acaban también con las fortificaciones que guardaban lo que actualmente es Mostaganem. Tras esta gesta la leyenda de Blas de Lezo tiene poco a ningún parangón en el mar. Un hombre sin miedo a nada con un único objetivo una vez que entra en batalla; acabar con su enemigo cueste lo que cueste. Y estaba empeñado en recordárselo a sus rivales/víctimas una y otra vez.

De vuelta al Caribe, en 1737, es nombrado comandante general de Cartagena de Indias. En 1739 se inicia la que sería la última gran gesta de Blas de Lezo. El insulto final hacia la corona inglesa a la que tanto había incordiado durante su vida. El conflicto de la oreja de Jenkins. Robert Jenkins era un corsario al servicio de la corona inglesa que fue capturado. Juan León, su captor, permitió seguir con vida a Jenkins tras cortarle una oreja y darle un recadito para el rey; “ve y dile que le haré lo mismo si se deja ver por aquí”. Y hasta la Cámara de los Comunes se fue Jenkins con la oreja en la mano (literalmente) a repetir el mensaje. Jorge II, monarca de la que ya era Gran Bretaña,  no se lo tomó demasiado bien. La opinión pública tampoco. Y a pesar de los esfuerzos del primer ministro Robert Walpole por evitar un conflicto armado con España —cosa que tampoco se deseaba en la piel de toro, de hecho se quebró un tratado de no agresión por esta historia—, se armó el follón. El Parlamento Británico tenía la excusa que necesitaba para tratar de asumir el control del Atlántico.

Jorge II

Jorge II

A tal fin los británicos tiraron la casa por la ventana. Reunieron una flota aún mayor que la con sorna llamada Armada Invencible. Despliegue que no se volvería a ver hasta unos siglos más tarde frente a la costa francesa en el Desembarco de Normandía. 186 navíos entre buques de guerra y de transporte con unos 25000 hombres, de los cuales 10.000 eran tropas de asalto especializadas. 2500 piezas de artillería respaldaban a la infantería. El objetivo era único y claro: empezando con Cartagena de Indias, arrebatar de una vez el control de España aún tenía sobre América y el Atlántico. El control del tráfico comercial entre Europa y América.

En tierra tenemos a Blas de Lezo. Los fuertes y castillos de Cartagena habían vivido tiempos mejores y aún por encima contaba con sólo 6 barcos. Algo menos de 1000 piezas de artillería en total. En el lado humano de la operación tampoco estaba la cosa como para tirar cohetes; 2300 soldados y 600 arqueros indios traídos desde el interior del país —la actual Colombia—. Tras hacer las matemáticas debidas Mediohombre no lo vio del todo mal —recordemos su problema de tamaño testicular— y decidió no rendir la ciudad.

Se produce el que se conocería como Sitio de Cartagena de Indias en 1741. Los hijos de la Gran Bretaña se acercan a la ciudad por la que estratégicamente Mediohombre había colocado los cañones de que disponía, desmontándolos incluso de los barcos. La batalla empezó con una orden del Almirante Edward Vernon. Comenzó el fuego de cañones sobre Cartagena. Durante semanas se bombardeó la ciudad. Algunas crónicas hablan de 67 días a lo largo de toda la operación. Mañana, tarde y noche. El inglés apostó por el desgaste como estrategia, pero nadie dio un paso atrás. Los 6 barcos españoles se hundieron también de forma estratégica para evitar que los barcos británicos campasen a sus anchas por el puerto.

Ataque británico sobre Cartagena de Indias

Ataque británico sobre Cartagena de Indias

Viendo que no daba resultado decidió desembarcar a las tropas y tomar Cartagena de Indias al asalto. Trinchera a trinchera, fuerte a fuerte (y con Blas de Lezo repartiendo estopa en el frente), los españoles mermaron a la infantería británica. Vernon contaba sus bajas a centenares. La malaria se puso del lado español. Dado que acababan de llegar no tenían el cuerpo adaptado a las bacterias y virus del entorno, al contrario que las tropas de Blas de Lezo.

Vernon se dio por vencido. Tal era el desgaste que hundió barcos porque no contaban con tripulación suficiente. Murieron 10.000 británicos, entre ellos la mayor parte de los oficiales de la Royal Navy, y otros tantos miles terminaron heridos o enfermos. Más de la mitad de sus piezas de artillería quedaron para irse al vertedero.

Edward Vernon

Edward Vernon

Vernon, el que aseguró haber tomado Cartagena de Indias en grandiosa batalla. Se acuñaron medallas y monedas para celebrar esa victoria. En algunas se mostraba a un Blas de Lezo arrodillado —y entero, se ve que tampoco le habían prestado demasiada atención a su carrera a pesar de los destrozos que había obrado entre los corsarios y la marina británica— ante Vernon con una inscripción que rezaba “The pride of Spain humbled by Ad. Vernon” (el orgullo de España humillado por el almirante Vernon). Se celebraba la victoria por las calles de Gran Bretaña… hasta que otra noticia muy diferente ocupó el lugar en el corazón del pueblo: la derrota había sido clamorosa y la derrama para reparar la Royal Navy no iba a ser pequeña. Igual que hicieron sus antecesores, Jorge II ordenó borrar todo vestigio sobre la existencia de esta batalla (y lo que escribían o no los historiadores británicos iba a misa). Debido a ello, a este respecto los ingleses viven en la misma oscuridad que los españoles. Para tristeza del pueblo británico sus siguientes reyes conservaron la misma fea y cobarde costumbre.

Medalla de la victoria británica con la leyenda antes referida de la humillación.

Medalla de la victoria británica con la leyenda antes referida de la humillación

Esa victoria le garantizó a España el dominio del comercio con América más de medio siglo. Blas de Lezo muere meses después, debido a las heridas y las enfermedades. Nadie sabe dónde está enterrado, no se le pudo rendir el homenaje debido. Pero no se le olvidó. Tanto en España como en Colombia se honra su memoria manteniendo en servicio navíos con su nombre; el máximo honor que se le otorga a un hombre de mar.

Estatua de Blas de Lezo en Cartagena de Indias

Estatua de Blas de Lezo en Cartagena de Indias

A los que no estuvimos implicados sólo nos queda lamentarnos porque de haber nacido prácticamente en cualquier otro país el nombre de Blas de Lezo, junto a sus hazañas, no sólo se aprendería en los colegios, sino que se vería en el cine y la televisión. Todo el mundo tendría la oportunidad de ver cómo se las gastaba España cuando era España y no esta caricatura corrupta y podrida hasta el tuétano que se da golpes en el pecho cuando manda a marineros a faenar borda con borda para protegerse de los piratas somalíes.

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4 respuestas a Si llega a ser un hombre entero…

  1. H dijo:

    En 1723 el pabellón de la Armada española era blanco con las armas reales ampliadas, sin el aspa roja de Borgoña. Esa práctica venía de Carlos II o de Felipe V, dependiendo de la fuente que consultes. El estandarte real, que era lo más parecido a la bandera de España para aquella época, era parecido pero de color carmesí.

  2. Basfi Petre dijo:

    Desconozco si es acertado, según la wikipedia investigadores ingleses cifran los muertos ingleses en Cartagena de Indias en 18.000. Si es así, y en proporción de fuerzas, quizá fuera peor que la batalla de las termópilas.

  3. Basfi Petre dijo:

    Un dato. El 11 de septiembre de 1714 perdió un brazo… defendiendo Barcelona de los ingleses. Y ya había perdido su pierna en 1704 defendiendo Barcelona de los mismos ingleses.
    Debería dedicarse la Diada famosa a don Blas de Lezo.

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