Vive la liberté! Pero déjala allí. No, más atrás. Y cierra bien la tapa.

A raíz del reciente atentado al semanario francés Charlie Hebdo, occidente se ha levantado en apoyo a las víctimas del suceso. Entiéndase por occidente lo que es histórica y políticamente. En el resto del planeta una cosa así es otro día en la oficina y levantar, lo que es levantar, dudo que una ceja. Esto es importante reseñarlo, pero lo dejo para otro día. O para luego, según la potencia que muestren hoy mis diez aporrea-teclas.

No voy a entrar a valorar el atentado o las motivaciones de los perpetradores. No voy a valorar la situación política y social de Francia en particular y de Europa en general para con la inmigración. No me pararé a comentar el nivel o el origen del adiestramiento de los rebeldes sirios terroristas o de su equipamiento. Cada uno tiene su opinión, yo tengo la mía —que seguro que es la buena, que para eso es mía— e igual otro día ladramos sobre el tema. Hoy es el día de  ¡la libertad de expresión!

La línea general ha sido atribuir el atentado a una represalia tomada por un par de enfermos mentales (que oyen voces en la cabeza, como no) por unas viñetas cómicas que Charlie Hebdo ha ido publicando desde hace varios años. Todo muy lógico —ejem—. Pero al lío. Los de los AKs salieron de la cama con ganas de restringir, nada más y nada menos, que la libertad de expresión. Y como eso es intolerable —y estoy totalmente de acuerdo y aborrezco a aquel que no piense lo mismo—, reclamarla como algo básico, un derecho fundamental del ser humano por esa misma condición, es lo que se lleva haciendo estos últimos días. Queda bien claro en el artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos HumanosHasta aquí más o menos bien.

El problema lo he tenido, y seguro que es algo personal (jajajaja NO), al comprobar como desde Hispanistán se hacía lo mismo. Reclamar libertad de expresión, con dos cojones. Si bien es un derecho fundamental y la Constitución del ya lejano 1978 así lo recoge en el artículo 20, todos sabemos que está muy mal vista y que es mejor dejarla en casa. Porque nadie te comenta que, si bien tienes derecho a decir lo que te plazca y es perfectamente legal —y si alguien piensa que has violado otros derechos y/o cometido un delito, ahí tiene los tribunales—, si dices lo que no toca igual te ves inmerso en una cacería humana de la que serás la presa. Oye, es todo legal. Puedes hacerlo, si tienes huevos. Venga, anímate, no te haremos nada que no te hayas buscado por soltar el pico. ¿Y qué haces? Pues te callas. No querrás ofender a nadie, ¿verdad? Porque, encima, todo ofende a alguien… si interesa.

Hace poco tenía que escribir unas historias y me tocó llamar a un amigo para preguntarle cómo se llamaba actualmente a una clase de discapacitado. Hace 20 años le hubiese llamado cojo, pero sospechaba que eso igual no era así ya. Mi amigo me contó que cojo se volvió ofensiva y se pasó a minusválido, pero resultó ser una terminología terrible por lo de ser menos-válido. De minusválido se cambió a persona con movilidad reducida, pero tampoco era admisible. Para cuando escribí aquello, el apelativo que se podía usar era persona con discapacidad motriz. Que tú puedes llamarle cojo si quieres, claro. Nadie te lo impide. España es un país libre, la Constitución ampara la libertad de expresión. Pero prepárate, porque te espera la del pulpo.

Hablando de pulpos. Yo no veo la tele más allá de eventos deportivos, informativos o alguna peli que ponga C+ —casta in da house—, y por ese motivo me enteré de esto por la internet. Existe un programa llamado “Masterchef Junior”. El programa parece que va de poner a cocinar a niños y el que mejor cocina va ganando puntos. O algo así, ni puta idea, la verdad. Infantes compitiendo entre ellos en horario de máxima audiencia para que un par de señores se hagan ricos a su costa. Pues bien, si buscáis hoy —que igual vienes a leer esto en 2 meses y ya no— “masterchef junior” en Google veréis que el programa es noticia porque un niño dijo algo. Sus palabras fueron, copio y pego:

-Madre mía, estoy rodeado de chicas y las chicas ya sabéis limpiar genéticamente.

-Las chicas saben limpiar mejor que los chicos.

Para qué fue aquello. No entro a valorar si sus palabras son o no correctas, si son o no ofensivas, si en el contexto que tal o que cual. Me da igual. Lo que sí me atrevo a decir, sin embargo, es que me parece un milagro que en una España pos-Zapatero en la que gobierna Rajoy, un niño 12 años sea capaz de usar el adverbio “genéticamente” en una frase. Respecto a lo otro, me limito a constatar que el amigo se fue a casa calentito. Y se fue a casa calentito, probablemente, sin saber qué diablos había hecho mal. Dudo que alguien se lo explicase y ya me dirás qué maldita responsabilidad tiene alguien de esa edad. En el programa se le castigó y en Internet se le crucificó. 12 putos años. Eso sí, con lo de tener a menores trabajando a las 11 de la noche nadie ha tenido problemas.

Libertad de expresión, sí. Ya nos conocemos. Son muchos años ya. Tú, en petit comité, puedes hacer un chiste sobre Irene Villa. Y ella dice que le encantan.  Y, siendo como parece una chica inteligente, es lo más normal del mundo. Pero ten cuidado si lo cuentas públicamente, porque de forma automática pasas a estar ofendiendo a las víctimas del terrorismo, a las familias de las víctimas, a las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, al oprimido pueblo vasco… Así, en general. ¿Por qué? Porque, joder, cómo se te ocurre hacer un chiste con una desgracia así, ¡animal! ¡Denunciado a delitos telemáticos! ¡Enaltecimiento del terrorismo!  Todas esas cursivas, y muchas más, las he leído y escuchado por ahí sobre chistes de la señora Villa.

Por muy gracioso que sea este gif, con ese título “alguien” podría interpretar que eres un miserable racista. Mejor déjalo guardado, no lo compartas, no vaya a ser que la libertad de expresión te cause un problema. Un programa como Saturday Night Live, que lleva 40 años en antena en EEUU, no es posible emitirlo en España. Inimaginable. Se han intentado cosillas, pero, ¿cómo hacerlo si todo ofende a todo el mundo? ¿Cuántas denuncias tendría un sketch así en Hispanistán?

Desde el atentado en Charlie Hebdo, Twitter nos ha regalado cientos de viñetas defendiendo la libertad de expresión. Una me hizo especial gracia. Fue la que me hizo escribir antes que “todo ofende a alguien… si interesa” y me estoy tirando de los pelos porque no la guardé y ahora, válgame Alá, no la encuentro. Eran 4 viñetas que decían algo así del tipo:

-Si no te gustan los chistes de musulmanes

-Si no te gustan los chistes de nazis

-Si no te gustan los chistes de católicos

-Si no te gustan los chistes de dictadores

-¡Jódete!

Era muy graciosa, de veras. Y estoy totalmente de acuerdo; jódete si no te gusta lo que digo. Denúnciame. El problema es que eso lo decimos ahora. Ha pasado lo que ha pasado, lo hemos interpretado como lo hemos interpretado —ejem— y toca. Evadiéndonos del momento actual, ¿qué pasa realmente si el chiste lo hago de otros colectivos y/o individuos? Es bueno reírse de la Yihad, ¿no? Claro, lo hemos visto en las noticias, Je suis Charlie. ¿Y del cáncer es bueno reírse? Todo el mundo se lo toma mal porque todos tenemos un tío que se murió de cáncer y con eso no se bromea. ¿Qué pasa si hago un chiste de homosexuales? ¿Qué pasa si hago un chiste racista? ¿Qué pasa si hago un chiste sobre el terrorismo? ¿Qué pasa si hago un chiste machista? ¿Qué pasa si el chiste es de Franco y no de Kim Jong-Un? Y ya sabéis lo que pasa. Claro que lo sabéis. Lo habéis visto. Persecución, cacería, acoso y escarnio público. Porque la libertad de expresión va por barrios. Por épocas. Y, sobre todo, por lobbies.

Con los lobbies me meto ya de lleno en la política, que es la salsa de la vida. Los partidos políticos y sus figuras de primera línea —también algunos muertos vivientes— no han faltado a su cita con la publicidad-gratis-aprovechando-la-tragedia para pedir libertad de expresión y chupar unos minutos de cámara, aunque Iberdrola no saque nada esta vez. Libertad de expresión que ellos mismos empezaron a exterminar a finales del siglo pasado. La frase “hay libertad de expresión en un partido político” es tan cierta como “anoche salí a dar un paseo con mi unicornio y me lo terminé montando con Cthulhu en el OVNI de 2Pac”.

En un partido político al arriba firmante le han llamado la atención por artículos escritos en este blog, “animándome” a la autocensura. Autocensura que, obviamente, no ha tenido lugar porque siempre he hecho lo que me ha dado la puta gana —así me va, por otra parte— y porque sólo me importan un puñado de opiniones. No obstante ahí están. Juzgándote, escudriñando lo que dices, lo que escribes, el tono con el que lo haces, delante de quién lo haces. Tomando nota. Todo eso se archiva, y da por sentado que va a ser utilizado en tu contra cuando venga bien. Y la historia te va calando; empiezas a moverte con pies de plomo, miras por encima de tu hombro. Cuando vas a tratar ciertos asuntos te levantas de la silla, das una vuelta sobre ti mismo y examinas todo atentamente porque las paredes tienen ojos, oídos, sonar, radar e incluso satélites espía. Luego te sientas y hablas, aunque incómodo. Te piensas 30 veces lo que vas a escribir en Twitter. A qué le das “retuit”, qué “faveas”, a quién sigues. Lo mismo con cualquier otra red social. De hecho este artículo hubiese sido mucho más duro de no ser militante de un partido político. O, al menos, más malsonante.

Ve a una reunión de un partido y trata de hablar razonadamente sobre aborto. O becas. O subsidios sociales. O a la de otro a hablar sobre la regularización de la prostitución, sobre la república, sobre el artículo 135 de la Constitución, sobre… Pregunta por ese concejal/consejero/cargo orgánico con una sombra de sospecha en aquel asunto. Sobre aquella obra que costó un dineral, que resultó ser ilegal y que hay que tirar abajo, todo pagado por el contribuyente. Pregunta por esos puestos de trabajo que no existían y se crearon para colocar al familiar de uno. Si escriben “tod@s reunidos/as porque somos amigxs y así estamos más guaps”, eres invidente y tus aparatos y tu software no entienden nada, lo siento; libertad de expresión.

Y una mierda. En un país donde todos tenemos miedo de decir lo que pensamos, donde todo es tabú, donde todo ofende a alguien, van a venir a hablarme, a estas alturas de mi puñetera vida, de libertad de expresión. En España no eres libre de expresarte. Ni lo serás.

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4 respuestas a Vive la liberté! Pero déjala allí. No, más atrás. Y cierra bien la tapa.

  1. María Polemicás dijo:

    jajajaja me ha encantado el artículo, de hecho una parte en la que dices que cuando vas a tratar ciertos temas te das una vuelta, del todo inútil porque efectivamente las paredes tienen oídos y “todo ofende a alguien… si interesa”, me ha recordado a una escena de la serie Family Guy, en la que Stewie está con un grupo de personas y va a contar un chiste racista, por lo que mira a un lado mira al otro, se da una vuelta, sale incluso del edificio… examina un perímetro de 1 kilometro a la redonda y ve que no hay “personas de color en la costa”, y entonces vuelve al corrillo principal con sus expectantes oyentes y justo cuando empieza ” Esto es un negro que…” y en ese mismo instante, de una maceta con un arbusto que se encuentra en la sala comienza a asomarse un negro con lo que Stewie termina el chiste: ” Esto es un negro que… que es una gran persona”. 😀

    Pues eso, que me ha encantado este artículo, entre otras cosas porque tengo la capacidad de decir las cosas menos adecuadas en los momentos menos indicadas, he llegado a pensar que tengo un Don pero lo he reducido a simplemente saber que jamás podré dedicarme a la política y mucho menos a asesoramiento de personajes públicos. Espero ansiosa el siguiente artículo.

    Un saludo.

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