The Finals 2015

Bueno, The Finals 2015 han terminado. Por mucho que LeBron James nos obligase a creer por su mera presencia, las posibilidades de los Cavs nunca dejaron de ser una quimera.

Ha ganado el mejor equipo del año. Warriors ha hecho números del pasado en un baloncesto mucho más severo y complejo que aquel. Entre temporada regular y playoff, 48-4 en casa (3er mejor marca en los últimos 20 años) y 83 victorias en total (3ª mejor marca de la historia). Equipo en cuya plantilla reside el que, con mérito, fue el MVP de la temporada regular. Steph Curry es lo más parecido a un ángel que ha visto una cancha de baloncesto y, si sus antaño quebradizos tobillos le respetan, será un placer para todos comprobar, temporada a temporada, dónde está su límite.

Pero yo soy lo que soy y este año se han juntado tres de mis debilidades. La primera, soy un tío del Este y pienso que el baloncesto es mejor cuanto más duro, más en el barro se juega. La segunda, tiendo a ir con el más débil. La tercera, LeBron James. Así que, como es mi blog y hago lo que me da la gana con él, gastaré la mayor parte de esta tontería hablando de los perdedores.

Perdedores que se plantaron en la final en cuadro, sabiéndose al final del camino, como los restos de la infantería española en Rocroi. Tres de los cinco titulares lesionados, sin posibilidad de ayudar. Los tres son hombres clave del equipo —Varejao, Love e Irving— y, dos de ellos, All-Star. Con esos tres jugadores en el “depth chart” de los Cavs, imponerse a los Warriors hubiese sido una gesta. Los chicos de la Bahía han sido el 2º mejor ataque de la liga a un pelo de los Clippers, pero también la mejor defensa de la competición, teniendo un rating de +10 puntos de ventaja por partido sobre sus rivales. Sin esos tres jugadores, la quimera, el sueño al que hacía referencia en el primer párrafo.

No obstante, tras unos playoff victoriosos y sorprendentemente cómodos a pesar de las bajas —Chicago ganó uno de sus dos partidos con un triple de Rose a tabla sobre la bocina—, los Cavs se plantaron en la final. Sus opciones eran las que eran: esperar al milagro. Y ese milagro llegó en forma de LeBron James.

El hombre. La leyenda.

El, de facto, mejor jugador del mundo tuvo que disfrazarse de súper héroe a lo largo de las finales y llevar a cotas nunca vistas su rendimiento. 36 puntos, 13 rebotes y 9 asistencias por partido en 46 minutos son sus números por partido en esta última y definitiva ronda de la temporada. Nadie se acerca a eso a lo largo de la historia de la NBA. En el 67% de los puntos de los Cavs ha estado involucrado, bien anotándolos o dando la asistencia —y todavía se hace complicado imaginar a sus compañeros siendo capaces de meter el 33% restante—. En el Game 5, de hecho, esa cifra se fue al 81%. Tras él mismo, el porcentaje de uso más cercano es el de Magic Johnson en el Game 6 de 1988 (70%). En esta serie Curry se quedó en el 42%. La cruda realidad es que los Cavs sólo fueron capaces de anotar 6 canastas con LeBron en el banquillo a lo largo de The Finals.

Offensive Load -Shots + Free throws + Assists + TOs-

Tiros + Tiros libres + Asistencias + Pérdidas

Para la historia queda el hecho de que, en su carrera, LBJ ha sido el máximo anotador, reboteador y asistente de su equipo en 37 partidos de playoff. Le sigue Larry Bird con 13. Lleva 6 triples-dobles en las finales, 2º en la historia a 2 del récord de Magic. Es el 6º jugador en llegar a los 5000 puntos en PO —y el más joven en lograrlo—. Sólo 3 jugadores han terminado unos Playoff promediando 29 puntos, 9 rebotes y 7 asistencias: LeBron James, LeBron James y LeBron James —2009, 2010 y 2015—. Pero es que el disparate va todavía más lejos porque LeBron ha sido el único jugador capaz de consagrarse como máximo anotador, reboteador y asistente DE AMBOS EQUIPOS en la historia de The Finals.

30 años, 6 finales, 4 MVPs, 2 MVPs de Las Finales, 2 anillos. Sobre el MVP de Las Finales. Sólo Jerry West en 1969 logró serlo estando en el equipo perdedor. Está muy bien reconocer la importancia de Iguodala en esta serie, pero no dárselo a LBJ es poco menos que un insulto.

Todo tipo de estadísticas monstruosas como estas se han dado cita en LeBron James para elevarlo a cotas donde sólo Michael Jordan moraba. Por sí mismas valen para abrir un debate legítimo sobre si es el mejor de la historia. Hoy no, porque lo estamos viviendo, pero en 20 años explicar a los niños las estadísticas de King James va a ser complicado.

Pero hay otro factor que tampoco se había dado nunca y que, quizás, tenga más valor todavía que una actuación personal de ciencia ficción. LeBron ha cogido a un puñado de tíos de banqullo —tres de ellos llegados en enero; JR, Shumpert y Mozgov— y los ha convertido en unos más que dignos contenders. LeBron ha elevado un bloque mediocre de jugadores, algunos de ellos chupando silla en uno de los peores equipos de la liga hasta su traspaso (Knicks), hasta convertirlos en un serio problema para uno de los mejores equipos de la historia del baloncesto. Y meto aquí a David Blatt como otro artífice en la gesta de los chicos de Ohio. Cuestionadísimo casi toda la temporada y con todas las papeletas para salir del equipo hasta pasada la final de conferencia, ha puesto sobre la mesa los motivos por los que es un grande en la historia del baloncesto europeo. Por el bien de Cavs, yo me pensaba muy mucho lo de darle la patada. Primer año del entrenador. Primer año en la plantilla de dos pilares como LeBron James y Kevin Love. Lo mismo para veteranos para el banquillo como Shawn Marion, Mike Miller o James Jones. Nombres como Iman Shumpert, J. R. Smith o Timofey Mozgov llegaron tras unos traspasos en enero. El mérito es tremendo.

Cleveland Cramps -chiste de Gonzalo Vázquez-.

Cleveland Cramps
-chiste de Gonzalo Vázquez-.

La plantilla, tras quitar a los lesionados y dejar permanentemente en el banquillo a los jugadores sin nivel NBA, se quedó en una rotación de 7 y Mike Miller. Esta falta de profundidad se fue haciendo patente según pasaban los partidos y el cansancio se acumulaba. Los números de Cleveland en los últimos cuartos (y en las dos prórrogas) caen abruptamente. Encima el nivel es el que es; con LeBron en el banquillo, los Cavs han anotado una media de 1.03 puntos por minuto. No llegarían a 50 puntos en un partido sin LBJ. Pero con él, un equipo con Dellavedova, James Jones, Shumpert, JR, Tristan Thompson y Mozgov ha competido. Cámbiale por cualquier otro jugador y esta final termina 4-0, perdiendo cada partido de 25.

Pero a esto se gana en equipo. Nadie había llegado tan solo a una final de la NBA ni dio tanto por ganarla. Es uno de los motivos por los que ha sido maravillosa. Un regalo de Cleveland Cavaliers el mero hecho de competir; no tenían cómo hacerlo, pero lo hicieron. Otro de Golden State Warriors porque nos han enseñado uno de los mejores baloncestos de siempre y, probablemente, el baloncesto del futuro. Gracias a ambas franquicias. En noviembre nos volveremos a ver y estoy seguro de que los Cavs querrán revancha.

¡Hasta la temporada que viene, Campeones!

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