Ni siquiera lo viste venir

Llevo mucho tiempo sin escribir en el blog. Y llevo tiempo sin escribir por salud. Por puro agotamiento. Porque si decía lo que pensaba —y en muchos casos sigo pensando— lo de tener que aguantar el pataleo del personal me daba perezón.

Pero llegados a este punto y ya, por fin, con un gobierno a la vista en este país de imbéciles, me voy a soltar el pelo que me queda. No sé si lograré hilar un desarrollo de eventos o iré soltando mala baba aleatoriamente; Dios dirá —y perdón, porque ya sé que al nombrar a Dios soy un fascista e igual una paliza me vendría bien—.

Empecemos con la gran pregunta que se hace todo el mundo: ¿cómo es posible que la gente le vote al Partido Popular? Pregunta inquietante porque es muy española, pero muy inconveniente. Una pregunta que trata de situar “la culpa” de dos victorias consecutivas —y sólidas— del PP en las dos elecciones generales que hemos “disfrutado” estos últimos 10 meses en los votantes del PP. Victoria que, de haber seguido reinando el disparate, habría sido aplastante en diciembre de 2016. Si yo pintase algo en un partido político de la oposición la pregunta a formular sería “¿cómo de inútiles somos para que el resultado haya sido este?”.

A mí se me ocurren varias posibles respuestas. La primera, CANSAS. Eso de que yo, al levantarme por la mañana, tempranito, para sentarme delante del ordenador a buscar trabajo mientras digiero mi puñetero sándwich de jamón, esté oprimiendo a gente CANSA. CANSA que la culpa de lo que tú, activista de lo tuyo, crees que hicieron los españoles en América durante su conquista sea mía. CANSA que yo tenga la culpa de que se maltrate a las mujeres. CANSA que yo tenga la culpa de que se maltraten animales —y en este caso encima se usará como prueba en mi contra el sándwich de jamón—. CANSA que el puto planeta se esté yendo al garete porque mi botella de plástico está fabricada con un derivado del petróleo y en verano pongo el aire acondicionado. CANSA, coño. CANSA. CANSA que los que ahora llamas refugiados se ahoguen en el Mediterráneo porque soy un hijo de puta o alguna otra razón igual de sólida. CANSA  que todo sea machista. Que en el año 2016 todo tenga que ver con Franco CANSA. Que si como sushi soy un bárbaro que está apropiándose de la cultura japonesa CANSA. CANSA que tenga que tener miedo a expresarme —sí, es una necesidad, de lo contrario pueden destruir mi vida con uno de los tan habituales linchamientos mediáticos de las redes sociales—. Es ASQUEROSAMENTE AGOTADOR tener que pensar 14 veces todo lo que quieres decir para asegurarte de que no ofendes a nadie, cosa que realmente no está en tu mano porque cualquier idiota dispuesto a ofenderse lo va a hacer —este artículo es estupendo—. CANSA que el único colectivo que no tiene una bandera, un lobby de presión, al que no se le hacen homenajes ni manifestaciones, sea el de los españoles pobres. El del currela de sus 50 horas semanales que se hincha a comer arroz y mortadela porque no tiene para otra puta cosa. CANSA, COJONES, CANSA. Como dijo Javier Marías en este artículo, “la estupidez, existente desde que el mundo es mundo, nunca había estado organizada, como ahora”.

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Por seguir planteando hipótesis. No sé. Se me ocurre que es posible, fíjate qué subnormalidad voy a decir —sí, sé que la palabra “subnormal” es ofensiva por alguna movida inventada por un activista de estos de modernos que aspira a ser concejal o cobrar de un cabildo—, que lo de que todos tus movimientos y decisiones dependan de la opinión del puto Twitter es de imbéciles. En el mundo real, donde están los problemas reales que se ignoran convenientemente, a todos nos importa una mierda lo que piense la gente en Twitter.

Sin ir muy lejos, me acuerdo del CIS de junio de 2016. Citando el artículo de El País:

La independencia de Cataluña solo preocupa al 0,6% de los consultados y apenas un 0,2% considera la Monarquía como un problema. Asimismo, los nacionalismos solo inquietan al 0,5% de los españoles y los estatutos de autonomía al 0,1%.

Los problemas de índole social solo inquietan a uno de cada 10 españoles (9,7%), como los de la educación (9,1%). Sin embargo, algunos de los asuntos considerados candentes por su impacto social apenas afectan a los ciudadanos, según declaran en la encuesta. Es el caso de la violencia contra la mujer (0,6%), la reforma laboral (0%), los recortes (1,8%), los desahucios (1%), los refugiados (0,4%), el terrorismo internacional (1,8%), las pensiones (2%), las drogas (0,3%) o las guerras en general (0%).

Menudo sorpresón. Pierden votos y no entienden el motivo: que se dirigen a un público que, literalmente, no existe. De lo único que hablaron los que ahora se quejan de que vaya a Gobernar el PP, sus únicos argumentos, no le importan a nadie. Pero, mi madre, cómo lo peta en Twitter lo del “refugees welcome” y el estado federal.

Y si pretender ganar votos con Twitter es de imbéciles, lo de inventarse la realidad para pretender ganar votos con Twitter ya va beyond comprehension:

El problema no es el que se inventa Pdr Snchz, es otro bien distinto y que su promesa de una Ley de igualdad salarial —cuando en España está prohibido pagar diferente salario por razón del sexo (entre otra normas, podemos observarlo en el art. 28 del Estatuto de los Trabajadores)— no iba a solucionar. Y en caso de infracción, multita al empresario. Como toda la vida. El problema es tomar a las mujeres por idiotas, intentando que creyesen que su compañero del tajo gana más que ella porque tiene badajo. Una ocurrencia que sólo se sustenta en que, de repente, nadie sepa lo que gana su compañero de trabajo —con pelos y señales en la mayoría de los casos—. Pero qué sabré yo, puto PP y tal. Magia. Pura magia.

Iba a parar con el adalid del cambio, el defensor del monosílabo, el que hace quedar bien a cualquiera porque hacer leña del árbol caído es demasiado divertido y no le quería quitar el placer a las veletas que hacen lo que haga falta por cobrar sin doblar el lomo. Pero mientras escribía esto —que no sé cuándo terminaré porque lo voy haciendo por fascículos—, Pdr Snchz ha renunciado a su acta de diputado. Y aquí he de reconocer que “me sentrechocan” sentimientos. Porque tras tantos años de imbecilidades le ha invadido la cordura. Si tan mal está no decir “no” a todo en esta vida, lo suyo es dejar el acta, sí. Ahora bien, lo hace como sólo Pdr Snchz es capaz: sin avisar, impidiendo que su sustituto jure el cargo y vote según lo que decidió el PSOE y, por tanto, absteniéndose de facto. Es tremendo el tío. Ahora bien, él se ha ido. Sus sectarios, los que tan enormes problemas de moral tienen, no. Porque de algo hay que vivir, supongo, y en el Congreso hay wifi bueno y unos cruasanes que quitan “er sentío”.

Un tercer motivo, por seguir divagando y ligado con el primero, es que la izquierda ya no existe. Ahora sólo existe la progresía. Y este párrafo no lo voy a escribir yo, lo va a hacer Julio Anguita. Dijo en agosto de este año que: Hoy la palabra progresista tiene un barniz de izquierdas, pero en el fondo habla de alguien que es profundamente conservador de su estatus. El progre es un esnob, un tipo de izquierda en los salones, pero que no quiere darse cuenta de que la vida es muy dura. La progresía es algo perjudicial para un movimiento de cambio”. En febrero, también del presente: “El progre es el caballo de Troya del pensamiento conservador económico. Acepta el capitalismo, siempre que presente otra cara. Los progres han degradado la palabra progresista, que significaba luchar por la libertad, hasta convertirla en algo francamente deleznable”. Esta otra cita parece ser que fue publicada en El Mundo el 31 de marzo de 2006. No puedo acceder a esa edición del periódico, así que la reproduzco, pero sin poder asegurar que sea real: “se lo diré con mucha claridad, prefiero que se acuerden de mi padre y de mi madre a que me llamen progre. La progresía es, ni más ni menos, que el sumidero por donde se han ido las ideas de la izquierda. La progresía es quedarse en la reforma de una serie de aspectos sociales, como los matrimonios homosexuales o las medidas de discriminación positiva de la mujer, mientras que se deja intacta una realidad económica injusta”.

El puñetero progresismo lo ha jodido todo. La izquierda era clara, sencilla: se querían ciertas cosas importantes —salarios, jornadas laborales, igualdad, seguridad social, educación de calidad, redistribución de la riqueza, blablablá— para todos. Muchas de las cuales en España nunca hemos tenido, ni tendremos (¿educaqué?). Con el progresismo se quieren una cantidad infinita de cosas nimias, cuando no directamente ridículas —por ejemplo, que en los semáforos haya machangos con falda, porque el anterior machango sin falda era machista—, y exclusivas para una cantidad infinita de grupúsculos y lobbies. Y esta imbecilidad es de las “normales”. Porque, por haber, haylos pidiendo que los tiburones no se coman a los atunes, que los videojuegos sean considerados como si fuesen realidad (pero sólo para violar, matar virtualmente está bien) o que hay que ser vegano porque si no eres racista porque a los animales se le hace lo mismo que a los negros o algo así, tampoco me queda del todo claro. Y puedo seguir todo el día. Por pedir, hasta recuerdo haber visto a gente pidiendo espacios propios para negros. Porque Rosa Parks metió la pata y lo verdaderamente igualitario es que cada uno tenga su retrete.

Sobre algo dicho anteriormente en la última frase del señor Anguita quizás pueda abrir un cuarto motivo: la ausencia de coherencia. Ni la más mínima. El caso más obvio, y con este voy a extenderme, fue uno que tuvo en su epicentro a Ciudadanos. En torno a esta propuesta en referencia a la asimetría penal en la violencia de género. El resto de partidos políticos, en una unanimidad sin precedente, atacaron sin dudar porque es machista que te rilas. Y aquí es cuando yo me mosqueo porque, con tanto “preparao” que hay en el Congreso, podríamos suponer que igual un tema así daba lugar a debate. Pero va a ser que no.

Lo absurdo de que no se admita el razonamiento de que la tutela de una libertad, o derecho, o peculiar circunstancia personal puede “mejorar su protección al extender ésta a otros sujetos” es que esa misma lógica fue muy celebrada por los sectores más progres —recordemos al señor Anguita— de este país cuando el Constitucional emitió su fallo respecto al matrimonio homosexual. Pero esos mismos sectores progres se niegan a admitir ese razonamiento en cuanto a la violencia intra-unidades convivenciales. El Constitucional entendió que extender el derecho al matrimonio no sólo no suponía una merma de derechos adquiridos previos sino que los reforzaba.

En el mismo sentido, entiendo —seguramente seré el único, visto lo visto— que extender y aumentar las medidas de protección a todas las personas, sin diferenciación de sexo o edad —niños incluidos— no supone una merma de la protección a las mujeres, sino que la aumentaría. Pero con la ideología hemos topado. El problema de una ideología es que es un sistema coherente consigo mismo y que no necesita tener “gap” con la realidad, pudiendo sustituirla perfectamente.

El “Derecho Simbólico” no funciona. Al final lo único que provoca es el descrédito de todo el sistema legal: un sistema legal habrá de ser coherente o no será. No se puede defender la extensión en tutela de Derechos para unas cosas y la contraria para otras. No se puede propugnar la generalización de la tutela de derechos en unos casos y su restricción —por razón de sexo— en otras. Al final lo que provocas es que los ciudadanos desconfíen del sistema. Y se desconfía. Vaya que sí. Pero qué más dará, esto es España. A la mierda todo y tal, que en Twitter tenemos mayoría absoluta.

De incoherencias está la izquierda moderna llena. Es un no parar. Si te crees que los votantes no se enteran de eso estás apañado. Y a los hechos me remito. No puedes ser comunista hoy y mañana “socialdemócrata nórdico”. Y menos pretender que alguien sepa qué cojones significa ser “socialdemócrata nórdico”. Y menos pretender que tu ideología cambia, literalmente, con las putas circunstancias históricas. No puedes abrazarte a tu mujer delante de una bandera gigante de España y luego tratar de formar gobierno con 50 partidos políticos, muchos de ellos con una única cosa en la agenda: independizarse de España. No puedes quejarte de la pobreza energética y posar delante de un molino de Iberdrola. Y así sigo todo el día. Literalmente, todo el día. De verdad, que no bromeo —y esto es mirando lo último que tengo en Twitter, que si tiro hacia el pasado me dan las uvas de 2042…—.

Igual otro motivo viene de tomar a “la gente” —y lo entrecomillo porque no sé si soy gente o no; Pablo Iglesias es el que reparte los carnés y no he podido hablar con él todavía— por idiota, que tampoco ayuda. Tu trabajo, politiquillo, consta de entre 2 y 3 fases:

1.- Proponerle a la gente un plan. Convencer a la gente de que ese plan es bueno y persuadirla para que te vote.

2.- Formar gobierno con lo que ha votado la gente. Si no te gusta lo que ha votado la gente: a) Te jodes y bailas b) Dimites, te piras y dejas que otro que tenga claro lo que significa la palabra “democracia” haga el trabajo. Lo de “mira, que estos números no me vienen bien, vamos a repetir” no funciona. Lo de que no te guste lo que vote la gente es legítimo, pero lo acatas.

3.- Según el desenlace de 1 y 2, gobernar o hacer oposición.

La mamarrachada pseudo-fascista de plantear un resultado electoral como si de una lucha entre españoles buenos y españoles malos se tratase: NO. Lo de señalar como culpables de que España tenga un gobierno a los que, responsablemente, han intentado —y logrado en última instancia— formar uno: NO. Tu trabajo era ese. Pírate. Pírate porque, aunque no te la creas, los que no te han votado saben esto; no engañas a nadie. Salvo que ese alguien viva o aspire a vivir de la política, claro. Pero en ese caso “engañas” iría entre comillas.

Ay. En España ser cobarde está muy bien pagado y, desafiando la física más básica, meter la cabeza en un agujero también te cubre el culo.

Como llevo escribiendo esto días, a ratitos, se me han echado las elecciones yankees encima. Y MENUDO SHOW. Al final a ambos lados del Atlántico la gente es igual de idiota. Escribo esto el viernes 11 de noviembre de 2016. Hace 3 días que ganó las elecciones Donald Trump. El bando de Clinton, formado por el establishment en peso, una unanimidad nunca antes vista, todavía no se ha enterado de lo que ha pasado. No alcanzan a entender qué ha podido salir mal porque, como en España, están totalmente desconectados de la realidad. Ellos se montan su película, cuentan su patraña, ponen los datos que quieren en las encuestas y asumen que alguien se lo cree. Pues mira tú, menudo chasco y tal.

Y tanto allí, como aquí, si no tienes claro lo que está pasando en tu tierra, lo de ganar elecciones se complica bastante. Cuanto toda tu campaña consiste, literalmente, en decir que te imagines a Trump en la Casa Blanca, algo falla. Cuando te disparatas del todo y llamas a los americanos que no piensan como tú “deprorables”, algo falla. Son tus conciudadanos también, imbécil. ¿Pero de verdad pretendías ganar? ¿Por qué diablos no concedías entrevistas? ¿Por qué diablos no dabas mítines? ¿Cómo es posible que te presentes como candidata a la presidencia de Estados Unidos y te desmayes en medio de un homenaje del 11S? ¿De verdad pensaste que en el año 2016, en EEUU, a alguien le iba a importar una mierda que Donald Trump, hace 10 años le dijese a un fulano en una conversación privada, que como es rico y famoso se tiraba a muchas mujeres? ¿De verdad pensaste que pintándole de violador —a él y a todas las personas que han mantenido conversaciones así: o sea, a todo el mundo— ibas a raspar algún voto?

Dejemos para otro día el hecho de que Clinton sea mujer y que va a partirse el culo por las mujeres, otro motivo para votarle según su campaña. El 50% de los votantes son hombres, Clinton. También quieren que luches por ellos. Y esas mujeres que tienen hijos varones también quieren que luches por ellos. Y por sus familiares varones. Y… Tú no puedes acusar a Trump de machista u homófobo cuando tu campaña la financia Arabia Saudí. Los mismos que dices que financian al Estado Islámico. Yo no sé quién llevó la campaña de Clinton, pero sí sé que es idiota. Ha permitido a una mujer cuya campaña electoral financian países amigos de la yihad llamar a Trump “peligroso”. Ha permitido a una mujer que ha llevado a EEUU a la guerra en múltiples ocasiones afirmar que Trump es peligroso. A una mujer que durante la campaña electoral amenaza a Rusia y a China con una guerra nuclear decir que Trump es peligroso. Por favor. Joder, es que ni el PSOE. Bueno, mejor me callo, porque fue el PSOE el que se pegó dos campañas electorales acusando al PP de corrupto.

Trump daba 5 mítines al día hablando a los currelas de Ohio o Michigan, los que no tienen dónde caerse muertos, los que viven de cupones, los que ya no tienen nada salvo odio hacia los ricos. Clinton andaba vacilando con famosos, esos famosos que jamás pisarían Flint, en la susodicha Michigan. Clinton recibía un apoyo de la prensa jamás visto en la historia de EEUU, esa prensa que le dice a los americanos que están mejor que nunca… mientras que la realidad es pelín diferente. Lo de llamar al votante de Trump machista, racista, homófobo, clasista, idiota… Igual ayuda poco.

Trump ha ganado porque ha ido contra todo lo que representa Clinton. Todo lo que odian los americanos que ya no tienen más que odio. Ya no se creen a esa prensa que les miente, así que has gastado dinero inútilmente en manipularla. Las encuestas que no aciertan nunca no desaniman a nadie. Queda el discurso. Y Clinton no pudo decir lo que la gente quiere oír. Sus amos se lo impiden, como impidieron a Bernie Sanders ganar las primarias demócratas. Porque igual el viejo rojo no pasaba por el aro y eso sí que no.

Michael Moore durante su “documental” Trumpland se sienta en un escritorio y empieza a leer una líneas que había escrito. El “documental” consiste en verle a él en un escenario criticar a Trump y alabar la persona de Clinton. No deja de sorprenderme ya que él era un crítico feroz de Clinton hasta ayer mismo, pero bueno, de algo hay que vivir. Total, lo nombro porque durante su campaña en ese teatro suelta unos párrafos cargados de razón:

Eso que dice Michael Moore, aunque luego afirmase que votar por esos motivos traería consecuencias horribles a Estados Unidos, no es otra cosa que la razón última de la victoria de Donald Trump. Hillary Clinton nunca tuvo nada que hacer. En ningún momento.

Ya en la derrota, para terminar de arreglar las cosas, un montón de pijos han decidido que la democracia está muy mal si gana el otro. A la élite la idea de que los pobres voten no le hace mucha gracia. Justicia social lo llaman ahora. Es un blanco y creemos que votó por Trump, se merece una buena paliza. Hay quien le pilla la ironía y todo. De darse el resultado contrario ¿todos estos altercados y declaraciones sin importancia estarían teniendo lugar? Ni idea. Pero “ellos”, los rednecks, los pobres… Son los malos, es esperable. De los progresistas, los de los huertos urbanos, las “safes zones”, lo “PC”, las batucadas silenciosas… La gente de bien no hace estas cosas propias de bárbaros y nazis. Putos hipócritas de mierda.

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Pero qué sabré yo. Según los estándares actuales soy, básicamente, Satanás. Total, lo habéis jodido todo. Ganan “los malos” porque lo único que te importa es quedar bien. Que los idiotas de Twitter y los zánganos del partido de turno tengan claro que eres súper feminista —hasta meas sentado si hace falta—. Que quede claro que quieres llevarte 6 refugiados a tu casa, pero preferiblemente sirios, que dan puntos extra de justicia social. Que a la vaca que te estás comiendo la mataron cantándole una puta nana. Que a nadie se le ocurra llamarte español, que eso es de fascistas. Pon en Facebook, no te olvides, que estuviste en Berlín, en el monumento a las víctimas del holocausto, y que no pudiste contener las lágrimas. Por si te topas con algún incrédulo lleva en el calendario del móvil todas las manifas a las que has asistido; talleres de cerámica, de cultivo de alcaparras, de danza del vientre inclusiva y las no menos importantes sentadas por la canonización de Otegi. Eres mejor que nadie. Llenas el depósito del coche con lágrimas de ardilla porque el Ártico es lo mejor que te ha pasado desde aquel concierto de Chenoa. Todas las mañanas te ciscas en Franco y en sus muertos según hundes la magdalena en el café con leche. Lo has jodido todo. Lo único que te importa es lamer el culo adecuado para conseguir un trabajo de mierda, pisar las cabezas oportunas para pillar un silloncito y no tener que doblar el puto lomo. Claro que sí. Me lleve por delante lo que me lleve por delante. ¿Los problemas de la gente? ¿A quién coño le importan los problemas de la gente? Sólo hablarán de lo que nosotros queramos porque si no lo van a lamentar. La emergencia social es la que yo te diga que sea, ¿estamos o no estamos?

Pues conmigo no cuentes. A la mierda.

 

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